En la distancia

02.04.2020

Mientras estamos en casa, sobrevivimos con lo necesario. Cada día surgen más iniciativas de solidaridad para ayudar en la emergencia.

Seguimos agarrados de un hilo
Seguimos agarrados de un hilo

Despierto en una ciudad silenciosa... es la capital de Colombia y los ruidos de los motores y los pitos suelen empezar muy temprano, si es que acaso se callan durante la noche. Pero no en estos días. En estos días el silencio lo rompen solo los helicópteros de la policía que sobrevuelan en las noches resguardando la cuarentena.

Claudia López, la alcaldesa de la ciudad, dijo hace poco que el consumo en estos días se debe limitar a lo básico: Salud, servicios públicos, alimento y abastecimiento ¿Qué más necesitamos? me pregunto. Y entonces empiezo, de nuevo, a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y sobre este momento.

Hemos creado un mundo de hiperconsumo en el que a lo básico debemos sumarle la moda, la tecnología, el plástico, los lujos, el exceso... hoy, salvo la tecnología que nos mantiene comunicados en la distancia, todo eso parece no tener sentido. La tecnología, con su obsolescencia programada, tampoco lo tiene.

Converso con una amiga que me cuenta lo feliz que se siente de no tener que pensar en el maquillaje ni en la pinta del día y me quedo pensando en la cantidad de cosas inútiles que consumimos a diario. Para sobrevivir, necesitamos un mercado básico, diverso y nutritivo sí, pero básico. Poco más. Este momento lleva a pique el comercio de un montón de esos productos innecesarios creados para el confort, pero con él también se lleva a pique muchas empresas y muchos empleos porque nuestra vida, nuestro sistema social y económico, está diseñado para el consumismo.

Recibo un montón de mensajes en redes sociales de agricultores que tienen represadas sus fresas. Se supone que el agro y la distribución de comida están garantizados por estos días, que hacen parte de los productos básicos, pero, quizás, si hemos de elegir frutas esenciales, seguramente nos vamos por la naranja, los mangos o las papayas. Las fresas pueden pasar a un segundo plano; también los duraznos que alguien ofrece con desespero por las redes. Por los alrededores de Bogotá hay cientos de cultivos de fresa. ¿Qué será de ellos? me pregunto.

El exceso de consumo, lo han repetido los ambientalistas mil veces, tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra. Es que no necesitamos tanto, queda claro en estos días, pese a que cuando se anunció la cuarentena muchos salieron enloquecidos a comprar cosas por montón para llenar sus despensas. Debe haber mucha fruta podrida ya en el fondo de esas cocinas. Confinados no nos movemos tanto, lo mejor es reducir nuestra comida para no salir del coronavirus con sobrepeso, recomiendan médicos de la Universidad Nacional. ¿Qué es lo que en realidad necesitamos?

Por estos días de nostalgias confinadas, me pregunto qué extraña la gente e imagino que son los amigos, la familia y no los centros comerciales, los supermercados, pero no lo sé.

Los expertos en medio ambiente también llevan años recomendando modificaciones en nuestro sistema de transporte. Recomiendan el uso de la bicicleta, del transporte público y también el uso de vehículos compartidos. En estas circunstancias distintas marcas de carros han donado sus flotas a la Cruz Roja y otros organismos para que transporten a los trabajadores de la salud y lleven implementos médicos. Resulta que sí se podía, que sí tenemos la capacidad de compartir.

Los ambientalistas también llevan años hablando de la necesidad de comprar local para disminuir el consumo de combustibles fósiles y de reducir la cadena de intermediarios. Pese a que en Colombia, aunque tiene óptimas condiciones para la producción de comida diversa, llevamos años reduciendo la producción de comida para concentrarnos en la palma y la caña, hoy dependemos de los campesinos nacionales. En medio de la emergencia, han salido decenas de iniciativas que conectan productores directamente con los clientes. Resulta que sí se podía.

Todos estamos llenos de preguntas ahora. Yo me pregunto, entre tantas otras cosas, hasta dónde llegará nuestra capacidad de crear, para que, como sociedad, de esto saquemos cosas buenas.

Texto: María Clara Valencia

Foto: Fundación Televisa